Fastidio

Fastidiado por crucigramas
la tarde pasa
sin pena ni gloría.

La noche presiente
una luna de papel,
y se hinca
y se santigua.

Allá va la beata,
lleva bajo el vestido
la acalorada discusión de los pezones.
Y sobre la espalda
el crespón de la Vía Láctea.

Todo es igual:
el mismo rincón,
y la misma araña disecada.

No llueve.
Parece, pero no.
Es sólo el tinaco
soñando que el agua lo rebalsa;
y gotea
rondanas de silencio.

Que fastidio.
Ahora un bostezo
rompe la carcajada de mi boca.

¡Ah! Pero la vida sigue, no se mueve, pero sigue.

Me aplasta el ruido asmático de la hormiga
que carga cien veces su peso.
El chapoteo de las lavanderas
que tienen en sus manos más pantalones
que jeans tenga una boutique de Manhatan.

Por allá va el ciempiés
que sueña con ser mariposa,
camina con sus juanetes y busca reposo en una adormidera;
mientras llega,
los vidrios del dolor le recuerdan la vida.

¡Ah si la vida siguiera sin moverse!
No sentir hambre, tristeza, dolor.
Sería un placer.
Pero no.
La vida sigue y es un fastidio.
para las manos,
para el seco tinaco,
la hormiga,
y el ciempiés
que sueña con ser mariposa.

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