Deseos satisfechos

Desde pequeño amó las alturas. Burlaba al sacristán, subía al campanario y su mirada consumía destellos que los tejía en el cielo de los sueños.
Años después caminaba por el Mar de la Tranquilidad y reía con su carcajada fresca de niño; sin que las huellas de sus pies desordenaran el estrato del polvo selenita.

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