El aprendiz

El sueño lo decapitó cuando casi identificaba al Ser. Tocaron con violencia la puerta y tuvo el presentimiento que al abrir tendría delante de sí la respuesta a la duda del hombre. Desesperado, ¡no podía despertar! ¡Gritó!
—¡No te vayas!
—No me voy.
Escuchó con claridad y luego un dolor intenso le partió la cabeza. Era un garrotazo que su madre con la escoba le propinaba.
—¡ Levántate huevón! Ponte a barrer. — Bueno para nada— Deja de soñar, ayuda. ¡No ves que la casa se cae!

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