El cielo es el mismo

Después del estallido siguió el de las ametralladoras con golpes de muerte. Luego hubo un silencio hiriente que ocupó el espacio de las almas. Se oían sollozos y lágrimas que rodaban por los pómulos sepia de las mujeres. Gritos de muerte cabalgaban en aquellas tierras de oración y fe. Y entre el desierto y la montaña incrédulos se miraban Mahoma y Moisés.

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