El sueño de Teti

Tety tiene dieciséis años. La piel es un suave canela que se hace intenso en el filo de sus labios. Luce ágil porque en las mañanas cubre el monte buscando frutos de pitajaya. Cuando regresa, sus pechos brincan y el roce de la manta define los contornos del minúsculo pezón.
En algunas noches a la luz del candil se corta el pelo, se pinta las uñas y riza sus pestañas. Vaga por callejuelas y mira a las prostitutas con sus caras largas y vientres inflamados y regresa al monte donde recolecta el fruto.
Sueña con ser prostituta, pero no de esas.

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