Olores de aguacate y canela

Cierto día,
cuando compraba víveres en una súper tienda;
al ver dos mujeres encontró en sus ojos la humedad del recuerdo.

Eran días de viento, lodo y frío.
Él vendía leche con olor de manos y establo.
Recorría las casas comenzando por los caminos de afuera.
Los peroles simulaban aretes en la testa del caballo.

Un recién nacido lloraba.
Entró a la vivienda y dejó la leche en la mesa de pino.

Zoraida – la madre-
Adolorida por fuera,
temblando por dentro,
también lloraba.

El marido recortado por la madrugada,
caminaba hacía la parcela.

El viejo
Prendió la estufa de petróleo,
calentó agua, llenó botellas.
salieron de sus manos toscas
olores de aguacate, manzanilla y canela.

En el vientre recostó las botellas.
El té de manzanilla con canela para la niña,
el de aguacate para ella.

Se untó las manos
con olores de marihuana
caña y albahaca.
Con sus labios esparció humo y alcohol
y con las manos
suavizó las astillas del dolor.

Ella lloraba.
Tenía los brazos cruzados,
y con las manos apretaba la media luna de los hombros.

El viejo atisbó.
Eran senos a punto de la explosión,
leche coagulada,
leche en piedra.
Dolor blanco que hería los pechos de Zoraida.

Los lienzos húmedos y calientes cayeron
hasta casi quemarla,
con dedos de seda
y boca de canela
ordeñó sus pechos
hasta romper
los mosaicos albinos de la tela.

Lo demás llegó a su tiempo….
mientras por el campo el marido se ausentaba.

Hoy en la tienda la ve y ella lo mira,
se sonríen cuando compran leche,
flores de manzanilla y rajas de canela.

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