Sueño concluso

En la madrugada desperté entre asombrada y pervertida. Cerré los ojos y me vi en un remolino que me instaló en una playa. El cielo parecía un cultivo de dalias anaranjadas y en la lejanía un barco zumbaba espantando a las gaviotas. Estaba arrodillada con mis manos sobre la arena, la sombra del peñasco volvía sepia la curva sudorosa de mi talle y mi popa era un puerto expuesto. A cada empuje de mi acompañante, sus manos detenían mi cadera y yo profería un gemido como el buque que surcaba el océano. En la cirugía de un minuto arropé sus labios en mi nuca y mis oídos fueron deposito de su pensamiento, tienes —me dijo—, un río en la espalda.. Deja que mi boca sea una barca y te siembre aromas lejanos. Desperté y al tomar mis pechos se desperdigó un aliento a jazmín. El día me encontró con las manos llenas de arena.

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