Deseos

Abrazo tus hombros. Al besar tu cuello, froto la nariz en el caracol de tu oreja.
Mis brazos ruedan. Deja que tus ojos se pierdan a través de la ventana y percibe como relamo la frutilla de tu cerviz.
Tu espalda es un mar,mis labios una barca. Remo a la vera de tu columna y la habito con jazmines.
Entreabro tu boca y la inundo; anhelo que los corales fulguren y al trote el deseo se exhiba. Tienes fresas de mar en los bordes. y en el trapecio del cuello sobrevivo a tus latidos. Al caer la blusa arribo al muelle de tus pechos. Destrabo el corpiño. Admiro las cimas; t al hurgar en su corona,  brotan las yemas.
Mi lengua va y viene.  Aprieta mi nuca y acaríciame. Si no lo haces, pensaré que no estás. No escondo la fiebre. Acércate, quiero habitar en ti sin detenerme en el tiempo.

  

Tirémonos en la alfombra y en ella dejemos nuestra ropa. Ansío vivir en tu interior. Soñar en tu boca. Abrázame y seamos  viento y  flauta. Correré mis manos por tu cintura, y retornaré a tu espalda y seré barca en los mares de la luna. 

Remando sobre tu vientre anclo la agitación en la copa de tu ombligo. Redondo, profundo, con una muesca que parece un pétalo curvado. Lo horado con mi lengua y el aliento es un carro de fuego que vuelca hacia tu cadera; abajo el precipicio de tus ingles.
Tu sexo es  brote que será flor, me acercaré hasta que la fiebre lo impulse a mirarme. Tocaré con mi papila el borde y lo envolveré como la luna hace a la hierba.
Estás húmeda y vuelan sobre tu piel luciérnagas. ¡Me haces feliz! Ayúdame. Abre tus columnas, y lameré con mi apéndice tu hoja.
¿Me introduzco?
Mis labios están en  tus pechos.  Si me das una señal sabré que aceptas. Tu cuello es un refugio para mi respiración¡ Tanto tiempo pensando en ti!. Ábreme tus muslos. ¡Nos ayudamos! ¿Estoy dentro ? Así será hasta que el placer inunde. ¡Hagamos círculos! te llevaré entre los hombros de las montañas y bailaremos sobre las nubes.Me encanta saber que tu respiración es más fuerte, que tus pechos se hinchan; pezones de rubí, labios de granada, pecas que se encienden.
¿Te llegó? pues no encierres el gemido ¡sácalo! Me excita saber que tienes tus gritos pegados a mi oído. Abrázame fuerte, abrázame. Nos fundimos entre tu oquedad y mi apéndice.  Mientras dentro de nuestros cuerpos se gesta un rio que se derrama sobre los surcos de tu pradera.  Una manta nos cubre. Júntate más y besémonos. Recuéstate en mi pecho. Te abrazo. Mis manos se unen con las tuyas y escucho tu corazón pegado al mío. Como dos flores que nacen de un mismo tallo.
 

  

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