Mirando el jardín

Estoy dormido; pero siento tu sombra. Te mueves en la oscuridad con la destreza de un ciego en su casa. Dejo la puerta entreabierta, y por la rendija olfateo tu presencia. Desapareces.
En la mañana que sorbo el café y muerdo el pan, presiento el hilo de tus ojos. La fuerza que acumulan cuando están llenos de comedimiento. Levanto la cara y tú desvías.  ¿Tal vez piensas que me molestaría si me vieses comer? Nada de eso, lo seguiría haciéndo y te diría lo hermosa que eres.
El tiempo se ha echado encima y el taxista espera en el portón.Escucho el taconeo de tus botas. Miro el reflejo de la ventana.  Sé que observas mis espaldas,  ¡Es tan fuerte tu mirada! Pero,  ahora le agregas el deseo de no ir al trabajo y quedarte a contemplar el jardín.¡Sé que sacudiste tu cabeza y pisaste fuerte!, hincando tu tacón en el piso. No tanto para que me diera cuenta, sino para decirte que volar es peligroso. La humedad del beso que me dejas en la mejilla tiene olor y  deseo. Y yo me entristezco mientras cierras la puerta y lejos ronronea el motor que te llevará a la oficina.

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