Platicando en la penumbra

-Siempre me lo has dicho. Tu cabeza ladea siempre de arriba hacia abajo, como hacen los helechos que viven entre las rocas de la montaña. Uno mira al cielo y ellos al pasar te dicen que sí.

-¡Imposible no ofuscarse! Si al mirarte me imagino agua fresca de río perdido. Tengo en mis ojos la esperanza de que te recuestes en mí y ser en un instante tu depositaria.

-Mis aguas ya no tienen el brío de la gacela; los árboles son troncos sepias que florean más por la magia de la vida que por mi voluntad. Sólo tienes en tu mano un espejismo, tan quebradizo que un pájaro al vuelo podría fragmentar.

-¿Tienes otros pozos de vida? ¿Perdura sólo la añoranza? ¿ Aún se muestran tus deseos en el espejo? ¿Qué te mantiene vivo? ¿Es tan densa la oscuridad que no me percibes en tu camino?

-Mis pozos de vida miran el cielo y la añoranza la tengo presente para pedir perdón a quienes ofendí con mis arrebatos e impertinencias; es la esperanza de fugarme como estrella lo que me redobla. Sí, sé que hemos entreverado nuestras sombras en el camino. Tu energía es agua fresca en mis sienes y una caricia que me hace decir que el amor entre los humanos existe.

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