La tristeza

— ¡Es la fuerza interior que tienes!—, tu deseo de seguir a pesar de que la vida te llene de obstáculos. Sucede, querido amigo, que caes en tristezas pasajeras, livianas. No le des tanta importancia a lo que te sucede. Yo tuve una que me llevó a lugares sombríos, después a callejones sin salida; pero debo de admitir que era una tristeza comedida: me tomaba del brazo y me acicalaba el alma, una tarde lluviosa me visitó en sueños y untaba su cuerpo en mi pierna. Otra vez llegó a besarme las ingles y se dio cuenta de que había calor y me dijo, ¡“¿puedo?! Le dije que sí y me hizo suyo; ahora… esa tristeza es una alegría saltarina que anda en las calles buscando a otro que refleje más desalación que yo.
-Te afirmo, son tristezas pasajeras. ¡No le des tanta importancia!

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