La última vez

La última vez que amé a una mujer, tenía su testa recostada en mi brazo y la yemas de mi mano se deslizaban por su pelo. “beba, beba que bella eres”, y ella suspiraba. Había en la recamara cientos de peluches y la ventana tenía cortinas de color almendra. Al tiempo que mi mano corría, de sus pechos hacia el vientre; le daba besos, lamía su mejilla y la apretaba contra mí. “Niña, mi niña” ella sonreía y ocultaba su perfil en mi cuello; rodeaba mis hombros y exclamaba: ¡ qué velludo eres! … “Quiero dormirme contigo” “pues duérmete”. — le decía. Ella cerraba los ojos un momento y minutos más tarde los abría. “amor, mejor llévame, si no, despertaré hasta que el día me ciegue; y en casa pensaran que algo terrible me ha sucedido.” Nos vestimos perezosamente y volvimos a besarnos, dándole al espíritu la libertad de correr por nuestros cuerpos. Rumbo a su casa, ella recargaba su mejilla en mi hombro y mi brazo corría por su talle.
—Eres al que amo. —me susurró. Hay quienes halagan y sin mediar un acomodo solicitan respuesta a sus pretensiones; pero mi deseo no se mueve. Este corazón está contento con el que no puede estar siempre para mi , sólo obtengo momentos ; me hace pena y lloro cuando te vas, sin embargo todo el coraje contra la vida desaparece cuando sonríes. Nunca sabré que es mejor: sí haberte conocido, o no; pero en este momento no dudaría estar a tu lado; mis días los llenas de canciones; y eso es enorme. El mañana es una pregunta que nadie puede contestar.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s