Heberto Castillo y Coxquihui

 Semblanza política mínima de Heberto Castillo:Apoyó las luchas ferrocarrileras (1959-1960), la de los maestros normalistas (1958), la de los médicos (1965), y por su participación en el movimiento estudiantil de 1968, en el periodo de gobierno de Gustavo Díaz Ordaz después de resistir oculto por más de 6 meses, fue encarcelado en Lecumberri donde permaneció dos años, quedando en libertad en mayo de 1971. Dedicó su vida a la transformación democrática de México. A su salida de la cárcel, promovió la constitución de un partido político nacional que culminó en la creación del Partido Mexicano de los Trabajadores en 1974, que luchó hasta obtener su registro legal con el cual participó en las elecciones federales de 1985 en las cuales fue electo Diputado Federal a la LIII Legislatura. Propuso además la fusión de varios partidos de izquierda para formar el Partido Mexicano Socialista (1987). Fue candidato a la Presidencia de México por el PMS en 1988, en cuyo proceso declinó en favor de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. Después de las elecciones de 1988 en el que el PMS participó en el Frente Democrático Nacional al lado del Ing Cuauhtémoc Cárdenas formaron con el registro de éste el Partido de la Revolución Democrática en 1989. Este partido lo postuló para el Senado representando a Veracruz en 1994 pero no terminó su periodo ya que murió en 1997. Sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres.  

           Las tardes de Coxquihui me sabían a silencio. Después de la salida de los escolares la comunidad respiraba quietud, hasta las aves guardaban reposo, el viento se hacía leve y una atmósfera de somnolencia invadía la conciencia. Llegué al pueblo Totonaco por rumores. Había recorrido otros lugares que no fueron de mi agrado y preguntando, alguien me dijo de él. En ese entonces —mil novecientos setenta y uno— para llegar había que recorrer tres horas por terracería y tres más a caballo. La otra manera de llegar era en avioneta que salía de la ciudad de Poza Rica. Sólo eran quince minutos de vuelo y piloteaba el capitán Camacho. Él fue quien me orientó de los poblados de la sierra: Coyutla , Filomeno Mata, El plan, Mecatlán, Coxquihui, Zozocolco, Chumatlán. ¿Por qué escogí Coxquihui?, no lo sé. Pero después de que la avioneta aterrizó en un potrero, que era el “aeropuerto“, caminé cuesta arriba hasta que divisé las casas. En una encrucijada admiré la floración de la buganvilia con verdes y feúchas y detuve la marcha cautivado por el olor de vainilla, de café y de pan recién hecho.  

  

  

Encontré posada con Doña Licha, esposa de Servando Reyes, y allí viví por unos días. Poco después instalé mi consultorio en una casa que me rentó Don Germán Reyes. La dividí en dos, una para el área de trabajo y la otra  de vivienda. Todas las personas con quienes conviví fueron amables, pero hubo algunas que recuerdo con gratitud y placer. 

  

  

Mi consultorio estaba a la vera de un atajo y por allí transitaba la gente para llegar al centro del pueblo. Si miraba la loma veía el cedro gigantesco que parecía un soldado cuidando el cementerio. Tenía de vecinos a los hermanos Rivera y sus esposas y uno de ellos: Celedonio me acompañaba a las visitas a domicilio, pues dominaba el dialecto y podía saber lo que hablaban; Nemesio era un niño acomedido que me hacía los mandados, hijo de Lillo, el aserrador. Y quien me auxiliaba con  los pacientes era una mujercita  menuda que se llamaba Zoila. Allí me instalé, pues la vivienda me complacía en todo, menos en la visión del cementerio, sin embargo días después estaría en ese lugar en una noche fría, lluviosa y oscura, para determinar si una joven recién enterrada aún se mantenía con vida. 

  

  

Una tarde escuché las pisadas de un caballo nervioso. Era Marcos, el comisariado de tierras. 


—Médico, médico, que bueno que lo encuentro.
 


—Qué pasó Marcos
, ¿para qué soy bueno? 


­—Ando muy apurado doctor, perdone que no me baje, se lo platico  rapidito y después usted me dice.
 

 
— Soy todo oído— le contesté.
 


—Van a venir personas muy importantes del país, y hemos pensado en usted para que les de la bienvenida.
 


— ¿Qué personas?
 


—Pues ni yo  sé, pero lo que me dijeron es que son muy importantes.  

  

— ¿Puedo decir lo que quiera?  


—Sí, lo qué quiera.
 

Lo dijo sin titubear y tomó camino fueteando al caballo. El dio por sentado que yo les daría la bienvenida a los visitantes. Pero al instante se regresó y casi a boca de jarro soltó la última frase: 

  

—Es para mañana, médico, los invitados los tenemos para mañana. 

  

Se fue con sus apuraciones y yo me quedé rumiando. ¡Qué madres iba a decir! Casi al amanecer terminé el texto. 

  

La mañana llegó soleada, pues un cambio en el clima y las avionetas no hubiesen bajado. Cuando se oyó el zumbido de sus motores, mucha gente del pueblo se arremolinó para darles la bienvenida en el improvisado aeropuerto. Llegaron periodistas de diferentes partes y otros que sólo eran orejas. — Personas que se alquilan para darle a conocer los sucesos a la clase en el poder.—  Yo estuve platicando con una oreja, ahora lo sé con claridad. En la noche había llegado Marcos de nuevo y me dijo: por fin sé quienes son los invitados: Heberto Castillo, Demetrio Vallejo, Sánchez Cárdenas, Cabeza de vaca, Cesar del Ángel, todos ellos pertenecientes a la izquierda mexicana. 

  

Cuando aterrizaron las avionetas, ya estaban los caballos ensillados, y juntos cabalgamos desde el campo, hasta el centro del pueblo. Hay una foto publicada en la revista Siempre, donde se ve esa comitiva.  

  

  

Les di la bienvenida en el kiosco del parque, refiriéndoles la situación actual en salud del poblado, ellos estaban cobijados bajo el techo del mercado, después de mi intervención, tomaron la palabra y, para satisfacción, casi todos basaron su discurso en los párrafos que había pronunciado, sin embargo el que más énfasis hizo fue el emitido por la voz nasal de Demetrio Vallejo, que me corregía, pues en alguna parte del discurso referí que la Revolución era una señorita y él, dijo: ” no doctor, nooo, esa ya no es señorita es una puta”.  

El parque se lleno de mantas blancas y no eran bambalinas de apoyo, sino la vestimenta del indígena, recuerdo que el mitin convocó mucha gente, pues desde mi alcance no había huecos en la plaza. 

  

  

  

  

Después del evento nos fuimos a la casa de Marcos Pineda —el comisariado de tierras y anfitrión— y se sirvió la comida: mole de rancho. Quedé en la mesa cerca de Heberto. Era muy alto, barbado, caucásico y con una cámara que colgaba del cuello. Me dijo, como si fuese un secreto, “han de pensar que soy un turista gringo” Me reí, pero en verdad, esa imagen daba. Me preguntó en cuál universidad había estudiado le dije que de la UNAM.   Sirvieron la comida y empezamos a comer. Recuerdo que un niño se le quedó mirando  y éste percibió que no era a él, sino a la suculenta pierna de pollo que tenía en el plato, tomó la pieza y se la dio al niño que gustoso se fue corriendo.  

  

  

  

Por la tarde llegaron las avionetas y los invitados se fueron. 

  

En la noche, Marcos llegó y me dio un obsequio, “se lo ganó doctor”. Pasaba de la media noche cuando medio dormido, escuché que me hablaban. Me levanté y vi que se trataba del violinista del pueblo. Su esposa no podía a dar a luz, —eso me dijo— así que me vestí y en el camino me platicó: es que ya nació uno. Al llegar a su casa, que estaba a doscientos metros, encontré a la parturienta en el suelo, asistida por dos señoras  —imaginé que eran las comadronas—. Con la información recibida, pude darme una idea: el embarazo fue gemelar, salió uno de los bebés, pero el otro no podía nacer. Al hacerle tacto me encontré con que el niño estaba atravesado. La luz de los candiles apenas si nos cortaba el perfil y, el olor a muerte preñaba el momento.  

  

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s