AMADA MEDUSA

Se mueve con la gracia de un felino, sus ojos son el día y la noche, su mirada es un reto. Todo el tiempo la contemplo y si ella me tocara, sentiría el galope de mi corazón de granito.

 Aquella tarde,  a hurtadillas llegué a su palacio. Detrás de los  guerreros dormidos le declaré mi amor. Entendió que me burlaba de ella y que mi propósito –como el de muchos de los marciales– era darle muerte. Sus pupilas encontraron las mías y quedé convertido en estatua. Ayer vino Perseo, pensé que sería transformado, como a todos,  en piedra. ¡Nunca imaginé que él le daría muerte! Estoy entre cuerpos de roca y el otoño llega lúgubre y gélido. Me azota  el viento frío del sur, pero ni eso puede congelar la tibieza de su recuerdo.

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20 Comments

  1. Está mal que yo lo diga pero hay mujeres realmente peligrosas pero las más son las que dejan huella y es imposible borrar su recuerdo…ni convertido en estatua.
    Un abrazo Rub.

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  2. Que belleza estas letras entre cálidas y frías. Me daba curiosidad pasar por aquí, y desde ayer estoy curioseando, me atrapa la poesía…
    Un saludo!

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