A los setenta años lo sacudió el deseo de ser extraordinario. No recuerda cuando le llegó, pero fue después de dar un largo paseo y previo a una vigilia adormilada. Una pregunta rondó como mugido. ¿ Cuántas veces estuvo a punto de perder la vida? Se dio respuestas que rápidamente enumeró. “De escolar casi me ahogo, de recién casado, nos asaltaron en un paraje desolado”.
Se sonrió. Tenía la habilidad de recordar con nitidez. Y volvió a sentir los olores, los sonidos y el ambiente que le rodeaba las veces que estuvo en peligro. Cuando se dio cuenta había escrito en dos libretas todos los pormenores. Poco a poco fue dándoles forma y las veces que leyó a sus amigos en tardes de copas, recibió buenos comentarios.
Llevó tiempo encontrar a un profesional de la literatura para que le diese una opinión de su narrativa. Una semana después, le comentó con seriedad : “ Vas bien , sigue insistiendo, la literatura es de estar dando de patadas al portón”, días después fue al periódico de la localidad y se entrevistó con el director, quién salía a una junta con los directivos. “ déjalo allí” . Y cuando pensó que nunca lo vería impreso, una mañana se despertó con el buen sabor de boca que le daba su lectura.
Nunca pasó nada.
Poco antes de su muerte, recordó el paisaje que vio en su niñez y lo expresó con la emoción de un niño que pierde sus juguetes. Poemas dispersos que un nieto mandó a una revista de gran circulación y que fueron reproducidos por otros medios. Un siglo después, es mencionado como antecedente de una corriente que relacionaba la salud emocional, la desatención del niño y el duelo por la destrucción de la naturaleza. Trescientos años posteriores a su fallecimiento, un historiador descubre su pretensión y hace escarnio y mofa de él. Tanto, que se acuñó una palabra para designar lo que se pretende y no se logra en etapas tardías. Un psicólogo describe el síndrome y en sus conclusiones enmarca que en los párvulos hay que identificar las habilidades desde el nacimiento. Al mismo tiempo se funda en el mundo una asociación de ancianos cuya finalidad consistía en identificar la habilidad extraviada. A la entrada de su edificio, en un área iluminada situaron un busto que definía su rostro. Abajo aparecía su nombre, la fecha de nacimiento y la de su muerte.
También se leía ” Nunca será tarde”

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