Al despertarme, las sábanas sueltan olor de mujer. En la mesa hay copas y platos en desorden. Voy al baño, y el vapor se adhiere al espejo; supongo que estaría obsequiándose un baño de tina. Corrí las cortinas con suavidad ¡No había nadie! Muevo la cabeza y pienso: ¡joder, mis sueños cada vez son más reales!

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