El naranjo

Y se vino el invierno, aún cuando es mayo. La lluvia perezosa y afilada cae sobre el naranjo, ¡qué olvidadizo!, no encuentra la gabardina. Esperaba un chubasco que le sacara el polvo cotidiano y nunca la migaja fría que lo estremece hasta las raíces.

El pájaro verde- limón brincotea entre sus ramas y canta como si el mundo estuviese sordo, siempre lo tolera, pero con este jodido frío, sus pisadas leves duelen. Llegó la pájara,  y viene de afilarse las uñas, bailan un tango, vuelan y se posan bajo los paraguas del papayo.

El naranjo se enrama sobre sí, tirita, cierra las hojas y, a lo lejos, escucha el parloteo de las aves.

¡El sol no debe de tardar!

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23 pensamientos en “El naranjo”

  1. Ohhhhh más que nunca quiero que sea agosto que voy a retornar a mis pagos. Por más que haga frío voy a tratar de llevarme mucho abrigo y no ser tan olvidadiza como el naranjo, pero igual voy a tener el calor de mi familia. Muchos besos Rub y qué descanses

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  2. Un invierno inesperado, así de loca andan últimamente las cosas. Pensar en la llegada del sol será lo que lo mantiene allí en medio de todo. Bello relato.
    Un abrazo amigo.

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  3. La belleza más simple, la más hermosa, tú la ves y la resaltas, entre la lluvia perezosa y afilada, que lastima al naranjo desprevenido, que no tiene gabardina!
    Me encantó.
    Feliz fin de semana…
    Un fuerte abrazo.
    Hasta pronto.

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