El desvío

Intuí que tu alma tiene la fuerza de esos remolinos que miramos en la pradera, levantan polvo, se agotan, pero después reinician con más fuerza. Nunca comprendí como es que  decías quererme  y, añadiste en un punto y aparte: …“que lo mejor para ti,  sería proponerse objetivos nuevos.”  me pregunté: ¿Porqué sacaste la hoz y segaste?

Más de alguna noche me dije: ¡Es qué esto, no puede decirlo ella!, movía la cabeza como esas marionetas estúpidas que encuentras en los mercados de vecindad. Entonces, cerré el libro y acepté de una vez por todas, que tu silencio era una indicación de que la complicidad se había roto.

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