Salem

27-Lavaderos-Iztacalco-1972En su cuarto de azotea, Salem, el loco,   despidió a sus seguidores con un dejo de urgencia. Se recostó sobre su cama de cartón y cruzó sus huesudos brazos sobre la quilla de su pecho.

-No tarda en venir – musitó en voz baja.

Los recuerdos llegaron. La azotea estaba ocupada por mujeres lavando. El chapoteo  de la ropa seguía el ritmo de las caderas, todas a un tiempo moviendo las nalgas, retando a la fatiga.  El viento trajo olor de aceite rancio y  cueros. Más tarde  llegaron  aromas marinos que revolvieron más  su memoria.

 Antes de que se fuesen los olores de cocina, ella ponía todo en su lugar. Salem, el joven,  cerraba los ojos,  y por su contoneo sabía lo que deseaba.

-¡Te quiero así!

Y se metía en  sus labios, en el  acre  de sus axilas y el salado de sus ingles. El ambiente sudaba fuego  y salitre.

Murió cuando más se amaban.  Las que llegaron después tuvieron  que aceptar que se había quedado sin corazón, pero  repleto de deseos y del prodigio de su aritmética para elevarlas al cubo de la intensidad.

-No tardará.

Se dijo abriendo las piernas huesudas como un compás. Cargado de sudor, su sangre se hizo agolpada y una erección adolescente se injertó en el ansia que estaba siendo presa  del molusco de su primera mujer.  Las demás esperaban. Una a una desfiló ante la enjundia que hervía.  Por momentos, los olores del mar cambiaron de domicilio hasta  que se instaló la profundidad del silencio y el vapor de las aguas.

Salem, el viejo, todavía escuchó el  ruido líquido de las lavanderas,  el frenesí  de las caderas y el aroma  lunar  de la mujer amada.

Salem ya no estaba.

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14 Comments

  1. Rubén, que sensual historia me ha gustado mucho de verdad cuanta pasión despiertan esas lavanderas, moviendo sus caderas y que recuerdos para Salem.
    Hermoso de verdad me ha encantado.
    Besos amigo mío

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  2. Salem el loco, el joven, el viejo, pero solo una mujer amada. Gran relato, breve pero con mucho contenido, mucha pasion que no falto en la vida del personaje.
    Un beso amigo, gracias por compartirlo.

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  3. Las diferentes etapas de una vida y la pasión y el erotismo hasta el final. Muchas mujeres ocuparon su sexualidad, viendo siempre el molusco de su primera esposa. Los recuerdos tienen la música del agua que lava y enjuaga, mientras marcan el compás las caderas y muslos de las lavanderas.
    Llegué tarde pero llegué a leer éste estupendo relato.
    Un abrazo fuerte.
    Hasta pronto.

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