Las rodillas sonrojadas-erótico-

SENDERO blog

Me acosté con la cabeza a un lado de tus pies y la blancura de tus piernas cautivándome. Llevé a la boca el dedo gordo de tu píe y lo humedecí; al mismo tiempo acaricié tu pantorrilla.
En voz alta te interrogué.

— ¿Sientes cosquillas?

Trataste de retirarlo, pero, lo contuve y me pregunté si alguno de tus amantes te había provocado de ese modo. Levanté tu falda y descubrí la mañana de tus muslos. Dejé tu píe y me fui hacia el tobillo, lo rodeé con el borde de mi lengua y entre más lamía tu deseo de quitarlo se substituía por algún encanto.

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