adolescenteeTumbado en la hamaca, meditaba. Casi identificaba al Ser cuando lo arrasó un sueño voraz y profundo. Masticó un chicle imaginario y roncó. Tuvo la seguridad de que al despertar tendría la respuesta a la duda del hombre. La voz lejana fue acercándose, y tras el primer garrotazo siguieron los demás. La voz se hizo demandante: “¡Levántate huevón, bueno para nada, deja de soñar y ayuda, no ves que la casa se cae”!

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