Tocan quedo

Renoir AugusteSi bien tienes el cabello desordenado, sé que no estás soñolienta. Te pusiste la bata y cuando te untabas tu crema de noche, cerraste los ojos más para ensoñar que para dormir. Sin embargo, el cansancio, poco a poco, venció. Una muesca en los labios dice que intuyes que alguien tocará a la puerta. Los nudillos que has mirado a hurtadillas cuando servías la comida, se han dado cuenta de que la luz de tus ojos parecía prenderse. Ayer lo viste mirándote y por poco derramas la sopa. Tocan quedo.

Sabes que es él y dudas en abrirle, sin embargo, quieres llenarte de sus manos e imaginarte que son unos labios sembradores de saliva. Te has sentado en el borde de la cama y pareciera que es el viento que mueve la puerta de la recamara, pero sabes que no, que es él. Sabes que no será una charla, sino un encuentro donde las pieles buscarán acomodo y las respiraciones serán como dos caballos a trote que se cruzan.

El oído se hace íntimo, agudo. Sabes que ha desistido y despacio abres para imaginar sus espaldas de sabana. Te llega un aroma de nardos y son sus manos que al rozar la flor, esparcen aromas.

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