La noche y ella

Pinar Entre el pinar el viento tañe la quena. Los pastizales guardan silencio. Sobre la oscuridad del asfalto, en la peligrosa curva se oye el pujido asmàtico del ùltimo camiòn de pasajeros que conduce a la ciudad. El grito de los pàjaros me anuncia su inminente llegada. Si deseo abordarlo es preciso salir corriendo de la cabaña. La neblina frìa hace que la media noche sea tenebrosa. No muevo mi mano arqueada sobre la curva de su seno, mientras mi brazo sirve de almohada para la nuca que duerme y suspira. La languidez y el silencio nos envuelven. Nuestros gemidos tiene rato que se fueron. Mañana muy temprano saldrè sin despertarla.

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