La bestia

bestiaEl tren rezongaba. Parecía un becerro arisco, subiendo hacia el pueblo. Sobre los gruñidos de la máquina, las campanas repiqueteaban alocadas. Como todos los domingos en la plaza, la gente compraba y vendía. Del carruaje, salió un sujeto con una bocina parlante, invitando a las personas a ver el espectáculo del mediodía: “Podrán contárselo a los nietos de los nietos y siempre dudarán. Sólo sus ojos darán crédito” Dos horas después, el gentío se arremolinaba para mirar el acto.

La bestia era dócil y gran imitadora de animales. La gente reía. Sin embargo, cuando rompió en un rugido más potente que el de un león, todos enmudecieron. Abrió las fauces y el voceador del espectáculo metió la cabeza; poco después, sólo los zapatos quedaron fuera. El animal hizo una contracción ventral y el sujeto desapareció. Llovieron monedas y aplausos de la multitud. Ella caminó en círculo, levantó los brazos y agitando unas alas que brotaron de su espalda, voló hasta perderse por encima de los cedros.
El tren ha quedado en la plaza. A media noche, el viejo más viejo del pueblo agoniza, y sobre el padrenuestro del cura, se escucha el tañer alocado de la campana. Es una noche sin viento y solo gime el silencio. El difunto era el último que recordaba aquel suceso. Ahora, nadie sabe.

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15 Comments

  1. Cada relato tuyo lo disfruto y por eso es que siempre estoy leyéndote, este me gustó mucho tienes la capacidad de someternos a la historia. Saludos y un abrazo.

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