Venganza

mujeres—¡No me toque!
La voz suave y delicada dio paso a una enérgica y dura. Julián no esperaba esa reacción de Amalia. Ayer habían caminado por la arboleda tomados de la mano y por la tarde disfrutaron de café con galletas que había horneado su madre. La mirada sonriente de ella se había transformado en punta de lanza, y la boca de él era una mueca por la fuerza con la que apretaba las mandíbulas.

—¿Acaso cree que no me iba a dar cuenta? ¿Qué me embaucaría como seguramente lo ha hecho con otras? ¿Acaso piensa que porque vive lejos de esta ciudad no hay gente que lo conoce? Es cierto que han pasado dos meses que lo trato y que cada vez que le pregunto por su familia me evade. Tarde, pero abrí los ojos. Antes de que lo corra, déjeme decirle que vino a esta casa para vengarse de mi madre. Prometería desposarme y, seguramente, el día de la boda, me dejaría plantada ante el juez. Mi madre no tiene la culpa, la culpa es de mi padre. ¡Ande, aquí tiene una pala, desentiérrelo y exhíbalo en el pueblo! Bastante dolor ha sentido mi madre al saber que mi padre tuvo una primera esposa, y que usted es hijo de su primer matrimonio. ¡Ahora lárguese!

intertextualidad, afliccion de electra, O neil

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