Soy más viejo que mi padre

HospitalSale una luz tenue de algún rincón. Me dijo el anestesiólogo: sólo miraras puntitos de colores. Conté tres y después no supe de mí. A dos camillas, la voz de una niña se queja, y la enfermera la protege. Empecé a toser y las nauseas me brincaban bajo la lengua. Ya soy más viejo que mi padre y me duele.
Dolor intimo coagulado de lágrimas y azotes. Hubiese recogido el olor de la tierra si tuvieras mi edad, pero no fue así. En esta camilla, mientras la luz brota de alguna parte y una niña se queja a dos pasos, yo cargo piedras que ruedan a cámara lenta por mi espalda herida. Dolor gigante que se hace bolas en mi corriente, en mi flujo.

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24 Comments

  1. Hola querido amigo Rubén . Cómo me duele que sufras . Sabes que te leo todo lo que escribes en Facebook y acabo de recibir por mail esta entrada que también lei en fb . Me encanta la manera de escribir que tienes t de explicar tu problema. Creo que esa mano con el suero es tu mano, chico qué mano tiene más bonita .
    Yo estoy pasando unas días fastidiados , pues me agarro un refriado de campeonato, hoy estoy un poquito mejor .
    Bueno ya no te canso más y me despido con un fuerte abrazo y una sonrisa, 😛 ánimo amigo que todo es pasa.

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      1. Hoy estoy un poquito mejor, pero aún siguen dentro de mi esas ovejas vestidas de lobo ( como tu dices)
        Cuidate y con una brisa te envió besos, abrazos y caricias . 😛

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  2. Ya estás en tu sitio, entre nosotros, tus amigos.
    La convalecencia acompañada de nuestros mejores augurios, va a ser más llevadera. Lo creo así. Te mando un abrazo largo, perfumado..lleno de jazmines y rosas para tí..

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      1. te lo pondré en un texto:
        EL BAÑO POR RUBEN GARCÍA GARCÍA
        Las cinco lumbares quedaron peinadas, limpias, y fueron sujetas por cordones de titanio. La herida es amplia desde la cintura hasta pocos centímetros donde el cuerpo se hace remolino. Veinticuatro horas después dos enfermeras llegan con la consigna de que tienes que pararte y si ya estás de píe, pues se aprovecha para llevarte al baño y sentado recibes el agua tibia como si la fuente de la belleza estuviese a unos metros arriba. Esa lluvia que pega en tu cabeza y resbala por la espalda es olor, caricia y bálsamo. Diez minutos después ya tienes los apósitos y una faja que apretará para darte la sensación de que tu médico y la enfermera no se han ido. No, no sientes dolor porque el anestesiólogo dejó dentro de ti una fina cánula donde gotea un anestésico. Tu mano herida da paso a fuertes analgésicos y antibióticos de última generación y cerca, hay un tubo de mayor calibre por donde transitan los desechos de sangre que dejó de ser útil y que hay que drenar.

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