El recuerdo de la herida

Sale luz tenue de algún rincón. Me dijo el anestesista: sólo miraras puntitos de colores. Conté tres y después no supe de mí. A dos camillas, una niña se queja, la enfermera la protege. Empecé a toser y las nauseas me brincaban bajo la lengua.
Ya soy más viejo que mi padre y me duele. Dolor intimo, coagulado de lágrimas y azotes. Hubieses recogido el olor de la tierra si tuvieras mi edad, pero no fue así. En esta camilla, mientras la luz brota de alguna parte y una niña se queja a dos pasos, yo cargo piedras que ruedan lentamente por mi espalda herida. Dolor que se hace bolas en mi corriente, en mi flujo.

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2 Comments

  1. Todo tu sufrimiento en palabras.
    Creo que ya lo superaste, aunque sea en parte. Hay luz a tu alrededor, hay cielo, hay el olor del pueblo de Cox, y hay muchos relatos que espero leer pronto.
    Desde días de calor infernales, desde la soledad de mi ruta, va un abrazo para tí, mi amigo.

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  2. Amada amiga la enfermedad y la muerte son experiencias que se comen en la soledad. Gracias por llegar a mi lugar como siempre. Nada tan reconfortante como tu abrazo. Poco a poco voy aumentando en fuerza, pero entre la edad y la dolencia quedas debiendo. No puedo leer tanto, ni estar sentado y soy torpe para los celulares, sin duda los años son lastre que tienes que llevar con voluntad, y es en esta virtud con la que trato de cobijarme. Tu abrazo y tu amistad es calor y ánimo. Gracias amiga por estar. Besos vuelan con rosas y gardenias.

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