Dañaste a reyes y aldeanos. La mayoría muertos, otros ciegos. En mi perversidad mezclaré tus ácidos para forjarte más letal. Me excita saber que un descuido puede ser mi mortaja. Un día, cuando nadie te nombre quitaré tus cadenas y te dejaré olvidada en algún aeropuerto. Quince días después brotaras en forma de vesículas hediondas de pus y fatalidad. En la hecatombe te preguntaré desde mi fosa: ¿Estás satisfecha?

Anuncios