El día se marca en las mañanas

Hoy en la mañana me bañaba, cuando escuché que abrían la puerta, al darme vuelta me encontré con mi esposo en una actitud de recuperar una noche perdida de sexo. Le dije que ya tendríamos tiempo. Pero el agua que caía de mi pelo dejaba gotas que se prendían a mi piel, ya sus palmas sopesaban mis promontorios excitándolo más. Hubiese querido sentir lo mismo, sin embargo, las urgencias de citas contraídas, me limitaban. Nada me excitaba. pensaba en el maldito tiempo que nunca es suficiente, ni para el descanso, ni para el sexo. Sentía un coraje que no deseaba expresar con palabras y no hacerlo sentir mal “por favor déjame salir” y en un titubeo me zafé de sus brazos llegué a mis labores, pero atrás dejé una mano que estalló en la puerta del baño.

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