anciano sentado

Lo acomodaban en una mecedora con vistas a la calle; que se entretuviese mirando pasar a la gente. Dormitaba, o bien el parloteo de las viejas que regresaban del mercado, lo despertaba. Ayer pasó un ángel, vestido corto y moviendo con cadencia la cadera, sin corpiño. Al verla, un rayo lo cimbró de la cabeza hasta el pubis. Sonrió y se dijo “joder, estoy cachondo”

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