Pensé que fuiste mía

 

sueño

En el claroscuro se percibe al sol durmiendo la siesta. En ese silencio, el coraje se afila al reclamo de una tarde seducida por las aves. Nada es cierto, ni el sol, ni el silencio ni la tarde. Sólo el peso del mar con sus olas revueltas y bravas; mi palabra es un punto mudo flotando en el radio de una rendija.

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