El gusano

 

 

 

orugaEl gusano abrió los ojos. Frente a él había una rosa, rodeada de brillantes hojas. Se arrastró y mirándola le dijo:

—Mamá.

La rosa no encontraba cómo decirle que ella no era su mamá.

El gusano la abrazó por todo el radio, qué linda eres. ¿Así seré de grande como tú?

tímida contestaba, “sí, serás como yo”.

El tiempo pasó y la rosa iba deslustrándose, el gusano alimentaba de sus hojas. Luego de sus retoños. Mientras más la destruía, ella más apreciaba al hambriento gusano. Poco antes de caer, la rosa vio con tristeza que su hijo colgaba de una de sus ramas. Para esos días, Ella le llamaba tiernamente “hijo mío”.

—¡Estás enfermo!

Mortificada por no poder ayudarlo. A la mañana siguiente, la rosa escuchó la voz de él. “mamacita, mamacita, te quiero mucho”, abrió los ojos con esfuerzo. Encontró un ser alado, que batía sus alas de colores, dando un instante de arcoíris a pétalos que caían uno tras otro.

—¡Mamá, mamá…!

Ella sonreía satisfecha.

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