Un día con la mujer

paisaje rural

Escucho el aleteo de los murciélagos; hoy la noche ha sido fría y húmeda. ¡será difícil hacer fuego!; Hago café, más agua que café. Despierto al marido, busco un pedazo de pan. Qué se vaya con algo a la milpa.

Se levantan los chiquillos y piden, no saben si hay, pero piden. A las ocho de la mañana, voy corriendo a llevarle el almuerzo. Son tortillas untadas con frijoles y un poco de chile. Comemos, quitamos la hierba. Él se queda trabajando, yo me regreso a preparar un caldo de chayotes. Me llevo a los niños a la cañada para que ayuden a cargar el agua que servirá para cocer los , limpiar los platos. ¡Hay que hacerla rendir!, el doctorcito quiere que nos bañemos diario. No es malo lo que dice.  pero el agua casi nunca alcanza.

Hace mucho que no tengo un hato seco de leña y los que la traen a vender casi no se arriman por aquí, con eso de que el dinero está escaso y los chamacos piden, —ellos no saben si hay— pero piden.

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