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La encrucijada

fogataHace frío y la neblina como si tuviese brazos, va y viene enredándose en la cintura de los árboles. Otras veces parece gato y acecha entre los matorrales.

Estas tierras antes fueron selvas, ahora son pastizales en las cuales, en horas de sopor, el ganado se refugia bajo la sombra de los ramones. Hoy llueve menudo.

Van y vienen los caminos, pero hay encrucijadas donde acampa la gente alrededor de la fogata que cruje para que la olla derrame el aroma del café. Unos se dirigen hacia arriba porque la abuela agoniza, otros regresan a la ciudad buscando sustento.

Nada diferente, por estos días, la niebla de la montaña baja por las encrucijadas y la gente sorbe el café para tomar fuerza y seguir hacia arriba o hacia abajo, según se padezca.

La niña

niña mirando-ventanaEn el pueblo pasan los días sin descanso. Los perones que logran enraizarse a la mezquindad,  tiritan. Las ramas huesudas bambolean clamando al viento frío que pare. Abajo la neblina se enrosca en los tallos como boa.
Hay una mano sobre la ventana que la limpia de la escarcha y descubre su sonrisa cuando mira al gato que acecha a las pelotas de la niebla.

El naranjo

Y se vino el invierno, aún cuando es mayo. La lluvia perezosa y afilada cae sobre el naranjo, ¡qué olvidadizo!, no encuentra la gabardina. Esperaba un chubasco que le sacara el polvo cotidiano y nunca la migaja fría que lo estremece hasta las raíces.

El pájaro verde- limón brincotea entre sus ramas y canta como si el mundo estuviese sordo, siempre lo tolera, pero con este jodido frío, sus pisadas leves duelen. Llegó la pájara,  y viene de afilarse las uñas, bailan un tango, vuelan y se posan bajo los paraguas del papayo.

El naranjo se enrama sobre sí, tirita, cierra las hojas y, a lo lejos, escucha el parloteo de las aves.

¡El sol no debe de tardar!