EL ASOLEADERO

•Noviembre 22, 2009 • Dejar un comentario

Fui conociendo gente por las consultas, por los vecinos y por las noche, después de cenar, tomando el café, platicaba con Doña Licha. Otras veces iba sin rumbo por las calles empedradas, así. Llegué por casualidad a casa del comisariado de tierras, que no se le miraba buena cara.
–Buenas tardes señor comisariado.
–Buenas tardes médico, ¿Qué lo trae por acá?
–Ando conociendo el pueblo. Veo que está haciendo un piso.
–No pude terminarlo. ¡Mujer! Tráete dos pocillos de café.
En una brevedad estaba sentado tomando café y escuchándolo.
– Explíqueme, usted que ha estudiado mucho, cómo le hago para entender a los indios. Mire. Me urge hacer el asoleadero, porque ya viene la cosecha de café y para secarlo, hay que extender la semilla bajo el sol. Necesito el piso con urgencia y le dije a J , que le prestaba mis mulas para que fuera al río y trajese arena. Eso fue a mediodía y cerca de las cuatro había descargado. “Anda J , ve por otro viaje” y dijo que no. “J es más dinero para ti, te lo pagaré como si fuera un día de trabajo. Necesito la arena para terminar el piso” ,
—me contestó. Explíqueme Médico, usted debe de saber.
Al comisariado no le faltaba razón, la desesperación no era por un día, sino que su suegra, reumática, le había dicho por la mañana que el tiempo iba a cambiar. Aquí en esta parte que mira la montaña, cuando el agua llega, luego no quiere irse, se detiene por ratos, pero después persevera y así se está y eso equivale a más de diez días. Los cafetales no tardarían en madurar la cereza y luego, los cortadores y, la máquina despulpadora empezaría su trabajo. El fruto entonces pide sol, y en el asoleadero se mueve, se palea para que se deshidrate parejo y la almendra no se manche. El café queda en pergamino. De no tener donde asolear el grano, hay que arrendar y eso equivalía a perder dinero.

De llover, los caminos quedarían intransitables y la arena no podría ser trasladada del río hasta su casa. Esa era la urgencia. Nadie se estaba muriendo, pero no poseer el asoleadero conllevaba a perder dinero. ¿Cuánto? no sé, pero seguro, que alcanzaría para pagar muchos jornales.

Tal vez J tenía cosas importantes que hacer, como fornicar con su mujer, o platicar con su compadre con algo de aguardiente para sazonar la palabra. Al menos ya había sacado lo suficiente para que los hijos comieran tortilla, frijoles y chile. Y pudo haberse preguntado ¿con otro viaje me haré rico?

FRAGMENTOS

•Noviembre 19, 2009 • Dejar un comentario

No había luz, mucho menos agua entubada. Pero se contaba con niños de doce años, que diestros jinetes de burros llevaban agua con tanques de cincuenta litros, dos por viaje y de esa manera abastecía un depósito para que funcionase wáter y regadera. La casa que había rentado, permitió tener un consultorio y un espacio para observar pacientes delicados y en la parte de atrás situar cocineta y comedor. Z se encargaba del aseo y N niño de doce años de traer cuanta cosa se necesitase. Ambos para mi fortuna sabían el dialecto. Este lugar es habitado por gente creativa, hacedores de un oficio de milenios.
Los carpinteros acariciaban la madera, la ponían al sol, la mojaban en veces y con el ojo afinado trazaban su línea para definir donde tendrían que emparejar. El banco despedía olores de tabla recién cepillada, rizos que se desprendían y que a manera de un humo invisible, dejaban en el ambiente el santo olor del cedro. Manos llenas de callos, que se adiestraron en torear la impaciencia, pues transformar la madera requiere de sabiduría y no tan sólo de destreza. Joven él, dividió el espacio en partes precisas y lo fue llenando de bancas, sillas, mesas y, sacó el olor a olvido y lo hizo de cedro. En poco la vivienda tenía vida.

LOS BORRACHOS

•Noviembre 2, 2009 • 2 comentarios

Marchan los borrachos dando traspiés por el camino terroso. Van de dos en dos haciendo altos súbitos. El más sobrio es quien lleva la garrafa de caña. Son cuatro litros que pondrán al centro. Ellos acomodarán sus traseros alrededor del galón y terminarán cuando no quede olor a caña. Éste es su sitio preferido: un solar 116b6ff318193fcb27f1d0e6f252f469baldío donde la hierba crece y un árbol de naranja agria que los provee de sombra y fruto.

Estarán tomando en cofradía. Brindando por lo que pudo ser y no fue. ¿Por qué más brindaran? ¿Por la mujer que abandonaron, por los hijos que no han visto, o por el rencor que tienen acumulado?
El final es una calca de otros ayeres, quedan tirados y camuflados por la hierba. Hay uno en píe, es un perro que siempre los acompaña y le convidan de lo que comen y beben y él agradecido lame cara y boca, mientras ellos sueñan y sus manos anestesiadas acarician la testa del can.

MAMÁ CAMILA

•Septiembre 29, 2009 • 2 comentarios

Los sacerdotes a las rancherías casi nunca iban, entonces, la gente apurada por la fé y las epidemias navegaban rio abajo y bautizaban en la playa. El mar no tiene palabra de honor y algunas veces, en la bocana del rió las olas encrespadas volteaban las lanchas y la fiesta se convertía en tragedia. Mamá Meche va hsta su tiempo de niña con su mirada y sigue platicando: donde quiera que ponías los ojos había vida, en el cielo garzas, pelícanos, gaviotas, y muchas aves, en el monte rompían el ruido las chachalacas, pero lo que más asombraba era el mar con su rugido y cómo después de cada ola, dejaba peces, jaibas y pulpos pequeños que reptando buscaban el agua. Le digo: entre sueños, mamá, veo la casa donde viviste con mi abuelita. Grandes árboles de Caimito, blanca por dentro, blanca por fuera con el olor del barro fresco, pues a la abuela la veo alisando su piso de barro y arreglando la cocina. Ella me llevaba al parque los fines de semana, esos días llegaban los dueños de los puestos donde vendían trastes. Yo de la mano de ella y rascando el piso con el pie que no era de tierra, sino de arena, y al picotearla sentía el frescor de la que estaba enterrada. En esa casa, dice mamá, se andaba muriendo Enrique, tu primo, si no es por una gata, él no viviría. Fue una gata que llegó de no sé donde y se quedó con nosotros. Enrique tendría cerca de dos años, gateaba y le gustaba meterse debajo de los catres, pero la gata no lo dejaba y le tiraba zarpazos. “Pues que le pasa a esta gata”.dijo mi mamá y se asoma debajo del catre y también le tira de zarpazos . “ Gata cabrona después que uno te da de comer ahora me quieres morder” y va a la cocina a traer una escoba, cuando vemos salir a una víbora grande y detrás de ella la gata. Enrique vive por aquella gata. El rio de aquellos días era navegable, pues al pueblo llegaban enormes barcos que iban por el plátano, racimos tan grandes como un hombre y cuando no llegaban, decían a la gente “¡vayan a cortar el plátano pero, dejen el racimo, así si vienen los gringos, verán que su fruta no fue vendida!” (Pienso en el rio Cazones actual y veo que está anémico, lleva petróleo y basura en sus entrañas y cuando se viene la sequía queda enfermo). Antes, cuando no teníamos dinero para comprar carne de res o de puerco, o chorizo, Decía tu abuelita, “ Anda Elvira, llévate la cubeta al río” y a la hora regresaba con langostinos y comíamos eso, eso comíamos cuando no teníamos dinero y ya ves, en esta fiesta que hicimos de la familia y mandamos a traer langostinos, nos sacaron los ojos de tan caro que está el platillo. Mamá yo recuerdo que mi abuela, era delgada con su cabello negro, que se hacía trensas y después lo ordenaba en su cabeza y sus brazos los tenia llenos de venas. Claro que sí, así era, pero lo de las venas, se debió a que ella dos veces por semana, manejaba su bote y se iba a comprar leña cerca de la bocana. Mi mamá no se le dificultaba nada, a los varones que crió los traía cortitos y ay de aquel que le rezongara. Era dura, muy dura, pero nos enseñó a trabajar y a respetar lo ajeno. Las venas saltadas de sus brazos es por la fuerza que hacía para manejar la lancha entre los rápidos del río, cargar la leña y regresar dispuesta a darnos de cenar y vigilar que todos tuviéramos la panza llena y el sueño a flor de ojo. Era la última en dormirse.

PERRO NÓMADA

•Agosto 26, 2009 • 1 comentario

Bajo la sombra del portón y sentada sobre un cabo de árbol, una púber escudriña el caserío imaginando que su perro yace con el lomo quebrado en alguna callejuela. Su mirada contiene tristeza y cada vez que parpadea talla los ojos como tratando de quitarse alguna brizna. No le arden, no le pican, pero ella los talla repetidamente. Varias amigas la saludan y más de alguna se acompaña por su perro. Está por irse cuando extraes_despedidasiente el roce de un lomo peludo por sus piernas, sabe que es “callejero” . Se hace la indiferente y alzando la voz lo regaña por no avisarle dónde es que se había metido. “Dos días sin saber de ti” le dice. Es demasiado, piensa ella. El Perro le mueve la cola. Ella no se inmuta. Su mirada profunda se vuelve más triste y proyecta que en un futuro “Callejero” no regresará- De lo más dentro de ella más que grito es un chillido que le dice “ No has sido buen perro. Eres libertino, andariego” El can lame sus manos, chilla, mueve la cola. Ella sabe lo que tiene que hacer, suspira, lagrimea. Toma de la calle piedras y cerrando los ojos, las tira a no darle y le grita “vete” camina dándole la espalda a pasos cortos y después corre hasta ser un punto.

El albañil

•Agosto 6, 2009 • 1 comentario

albanilCuantas cosas habré aprendido, no lo sé. Hoy estudié de corrido tratando de que con una ojeada aprendiera lo más. Ya no soy el mismo, el tiempo y los excesos también cuentan. Es lo vivido que habla. Sin embargo, no quedo inmovil, lo intento, acomodo, hago trampas mentales, tomo apuntes y trato de salir del atascadero .Por ejemplo abrazo un objeto y ensueño, me voy lejos, regreso, lo juego en mi cabeza, lo aviento lo más lejos que puedo, lo busco, le hablo y confundido y torpe, lo huelo y aunque esté cambiado lo reconozco; entonces lo tomo de la mano y lo beso.
Estoy en este lugar, en el mismo que estuve, cuando llegué con treinta años menos, ¿o serán cuarenta? Lugar que vieron mis ojos crecer. El albañil, un tipo regordete, con ojitos de sapo trabajaba con uno de sus hijos para levantar las paredes, luego, como sabía de todo, planeó la toma de agua, la pileta, el baño. Lo recuerdo bien, tan bien que lo veo aplanando el muro, sudado de los pies a la cabeza, ordenándole a su hijo como quería la mezcla, era una máquina trabajando en silencio, con manos de cemento, pero hábiles para dejar el aplanado como la hoja de un cuaderno. El hijo al igual que él trabajaba en silencio siguiendo las indicaciones. El verdadero regocijo para ellos, era a la hora de su descanso. En una ocasión que llegué a las dos de la tarde, lo encontré eligiendo un lugar , decía al hijo compra en la tienda refresco bien frío. La verdad hacía bastante calor. Los saludé y pregunté si no le faltaba material, me dijo que no. Pocos minutos después llegaba su esposa, su hija y un bebe de ocho o diez años. La señora acomodaba un mantel limpio, sobre una mesa improvisada, que él previamente había armado. La mujer de unas vasijas sacaba el alimento y servía en platos partes iguales. A la madre y a la hija les buscaban una silla, los varones en cuclillas. Daba una oración en voz baja y empezaban a comer.
No desea un “taquito” -me dijo. Me acerqué y con respeto tomé una tortilla con chile y frijoles y los acompañé. No me había enterado que esa escena se repetía todos los días a esa hora. Entendí que, como él no podía comer en su casa, la esposa y la hija iban a donde estuviese trabajando y comían juntos como una familia pobre, pero con valores.

AMIGAS

•Julio 25, 2009 • 2 comentarios

buengustoMuy de mañana esperaba sentada en un café de chinos, cuanta diferencia había de aquella que traté en la escuela del barrio. Susi se levantó en breve para recibirme con un beso en la mejilla y capté su olor a tabaco y fiesta. De jovenes concurrímos a los mismos lugares y al pasear juntas las miradas de los varones siempre se movían al compás de sus caderas.
Caminos diferentes nos separaron, ella fue de tumbo en tumbo yo entre las velas, el rosario y el recato. Mientras sorbíamos el café me pidió una buena cantidad de dinero para rehacer su vida, cosa que aplaudí, se lo prometí de corazón, por los viejos tiempos. Claro, antes continuaría trabajando con los años de juventud que le restaban, en el salón privado donde noche tras noche prostituía. Yo, como administradora general le ahorraría un bono para su retiro.

Cerca del quirófano

•Julio 3, 2009 • 2 comentarios

medicosAnexo a los quirófanos se ubican casi siempre los vestidores médicos. Es un lugar privado donde los ayudantes, el anestesiólogo y el cirujano cambian su ropa de diario por el uniforme azul. Para que el médico ingrese a la sala de  cirugía debe de  cubrirse la boca,  el pelo, zapatos y  enfundarse  con pantalón y camisa libre de gérmenes. Obviamente  hay vestidores para mujeres y para varones.

Sitio de enorme tensión, misma que la disipan con pláticas cotidianas, comentarios sobre los acontecimientos del país o bien los rostros quedan en silencio. Todos quitan su ropa de calle y buscan en los estantes la talla   que mejor acomode.

Los que sólo vamos como ayudantes o aprendices, nos limitamos  a observar a los que asumirán  la responsabilidad. Los médicos  tienen conductas variadas. En aquella ocasión el paciente era un niño de cinco  años con un tumor  alojado  en  faringe. El anestesiólogo de piel blanca, ojos de raya cubiertos por espejuelos  y bajo de  estatura. Él  normalmente serio, ahora parecía más. Se cambiaba  sentado en una esquina,  alejado de los demás. Yo no sabía si  era por  bochorno  o por  la dificultad   técnica de la anestesia.  El cirujano otorrino, se la había pasado contando situaciones jocosas que le festejábamos  y se cambiaba de pie  en una esquina contraria a  la  del anestesista. Hubo un momento en que nos quedamos callados,  envueltos  en la dificultad del quehacer que vendría.

El otorrino  bajó los pantalones dejando al descubierto su ropa interior, al mismo tiempo  el  anestesiólogo  sentado en la esquina opuesta hacia lo mismo. Cuando escuchamos del  cirujano  un “ ay ay ay”  amanerado y  reculando hacía donde estaba su compañero   y exclamando  “Ay… ay   qué me vas hacer… qué me vas  a hacer”  hasta que sentó sobre las piernas de su colega.  Rompimos en carcajadas.  Él se puso  de mil colores mientras el otro imitaba movimientos copulatorios y seguía  con la vocecita amanerada “ qué me vas a hacer”, “qué me vas a hacer”  Instantes después se paró y serio le dijo:  “ánimo colega, deje esa cara,   que vamos a salir bien de la cirugía”.

Vendaval político

•Junio 25, 2009 • Dejar un comentario

576EED46A47F26DF2E85486CFA3E8EMéxico está imerso en el ventarrón político. Los ciudadanos  acribillados por la propaganda  recibimos la información de todos y todos  están montados sobre las sílabas de la promesa, del yo puedo,  sí votas por mí,  Ahora  si va el cambio,  lo que no pudieron hacer, lo haré yo.  Los Mexicanos   deseamos cosas sencillas: que el sujeto a ser votado no abrige  la capacidad de metamorfosearse.  Que esté ensamblado de una sola pieza,  que del color que se le mire, sea en realidad el reflejo de su prisma. Que comprenda que no necesitamos  llenarnos de oro, pero que él tampoco;   sólo  deseamos enriquecer a nuestro país,  con la  adquisición de una cultura de lo preventivo y de la eficacia.  Hemos esperado candidatos de tal material y  no llegan. Si ha pasado tanto tiempo y sobrevive la espera,  entonces tendremos que inferir que la cuna está podrida.

EL PAIS DE LAS …

•Junio 24, 2009 • Dejar un comentario

Inquieto porque la convocatoria del país de las nubes no tuviese información precisa mandé un correo a mi amigo, del cual recibí la siguiente contestación:“ Hola mi estimado Rubén, sólo lo que dice el correo, quien se interese que solicite información y envíe su obra al correo País de las Nubes paisdelasnubes@mexico.com.

Me dije, sí tiene correo debe de haber una página formal. En el Google se desplegaron varias, la primera era información turística, la segunda, de la revista Casa del Tiempo,  por la dirección reconocí que llegaba de la Universidad Autónoma Metropolitana escrita por Grisel Gómez Estrada. Me deleite con el texto y con los poemas allí contenidos.
Inicia así : http://www.difusioncultural.uam.mx/revista/nov2003/gomez.html
“IPaís de las Nubesmaginemos una pequeña ciudad de paso. O un pueblo grande de paso. Ciudad de emigrantes, de comerciantes sostenidos por su condición azarosa de encontrarse en el camino que va del Distrito Federal a la ciudad de Oaxaca. Cabecera municipal venida a menos después de la construcción de la súpercarretera que reduce el tiempo para llegar a Oaxaca (rescatada quizá del estancamiento por la creación de la Universidad Tecnológica de la Mixteca). Imaginemos los muchos pueblos, zonas de extrema pobreza, que pertenecen a este municipio. Indígenas mixtecos. Terrible analfabetismo. Ni nos tratemos de imaginar la miseria.
Imaginemos el camino, entre cerros y curvas, que hay que recorrer para llegar a Huajuapan de León, frontera entre Puebla y Oaxaca. Imaginemos el calor. A su gente que se debate entre la hospitalidad del mixteco y la rapiña del comerciante. Pensemos en sus recintos culturales. ¡Albricias! Hay una casa de cultura. Hay una universidad. Hay un cine. Un museo regional. Muchos bares y cantinas. Un deportivo. (Y hoy en día hay ya tres discotecas.)
En este panorama, a algunos —reunidos en el Centro de Estudios de la Cultura Mixteca— se les ocurre traer la poesía a Huajuapan y sus comunidades aledañas. (Me refiero a la oficial, porque la otra, la poesía subterránea, indócil, autodidacta, existe en todas partes. En el habla habitual del idioma mixteco o ñuu savi, por ejemplo.) Y se les ocurre que sean mujeres, ignoro si por sensibilidad o publicidad. Pero la idea se concreta, la poesía se objetiva, y en 1993 se lleva a cabo el primer encuentro de Mujeres Poetas en el País de las Nubes, es decir, en el corazón de la Mixteca oaxaqueña…”
El artículo  da información de cómo se hace el festival de poesía, de que las mujeres poetas tienen diferentes orígenes, ya que vienen de diversos países y remata con poesías de ellas que tienen una buena factura- fragmentos-
Enriqueta Ochoa
Busco un hombre y no sé si sea para amarlo
o para castrarlo con mi angustia.
Tengo hambre de ser y me siento frente a la ventana
a masticar estrellas
para que mi dolor de estómago sea cierto.
La verdad es que duele en los nervios todo el cuerpo, esta noche, hasta los tuétanos.
Juana María Naranjo
Desliza en la hoja
Una gota de rocío
¿Será que llora?
Vienen después otras informaciones del país de las Nubes, hasta que  topo con la siguiente página que da fe de lo siguiente : http://www.oaxacalifornia.com/index.php?option=content&task=view& id=526&Itemid=42
11 de noviembre de 2006
Oaxaca, Oax.- Poetas de 25 países recorrerán las montañas de Oaxaca para compartir directamente con las comunidades la esencia, el poder y la magia de la poesía, a partir del 8 de noviembre, en la edición XIV del Encuentro Internacional: Mujeres Poetas en el País de las Nubes.

Las 70 escritoras llegaron a México el martes 7 de noviembre para ofrecer, a las 19 horas, un recital en la Sala Miguel Covarrubias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y continuarán su camino hacia Oaxaca para hacer un recorrido poético por los pueblos enclavados en la cordillera mixteca.
Los organizadores recalcan que “en esta ocasión su presencia cobrará especial significado en medio del tenso conflicto político que inició en mayo y hoy es ampliamente conocido por la comunidad internacional”.

http://www.literaturainba.com/diccionarios/not as_more.php?id=1668_0_4_0_C
En esta dirección también se encuentra información sobre los eventos pasados del encuentro de mujeres poetas.
Escribiré a la dirección: paisdelasnubes@mexico.com ya les contaré si recibo noticias.

El certamen tiene buenos antecedentes, si se  realiza, es  seguramente por el deseo de algún grupo de personas enamoradas de la poesía y de los pueblos mixtecos. Mandemos un correo  y esperemos noticias y si ustedes  saben algo, pues no duden en decirlo, pues este  blog debe de cumplir una función social.

Un abrazo a quienes  han leido y por supuesto a las que lleguen.

Rubén García García